En una empresa manufacturera los datos ya existen: los producen las máquinas, el sistema de gestión y las personas en planta. El problema es que viven separados y solo se encuentran en el cierre, cuando las decisiones ya se tomaron hace tiempo.
Un índice de eficiencia que baja dice que hay un problema, no cuál. Al descomponerlo se ve enseguida si la máquina está parada, si va más lenta de lo previsto o si produce piezas para tirar. Son tres problemas distintos con tres soluciones distintas, y tratarlos como uno es la razón de que muchos proyectos de monitorización no produzcan nada.
El cumplimiento de fechas es la métrica que el cliente percibe y que el comercial usa para vender. Medirla por pedido y por familia de producto dice qué trabajos sabe hacer la empresa en plazo y cuáles no, y cambia la forma de aceptar pedidos.
Una merma es material pagado, tiempo de máquina consumido y horas de personas, que en contabilidad acaban repartidos y se vuelven invisibles. Vistas por artículo y por fase, indican con precisión dónde actuar, y casi siempre se concentran en poquísimas combinaciones.
Parte de las máquinas, donde se puede, y parte de las personas. La parte humana tiene que ser levísima de introducir, porque una recogida que pesa en planta se rellena al final del turno de memoria y produce números falsos, que son peores que ningún número.
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