En un centro sanitario la capacidad es un bien perecedero: una plaza no usada hoy no se recupera mañana. La vista que necesita la dirección es la que muestra cuánta capacidad se está perdiendo y dónde.
El llenado de las agendas hay que mirarlo por prestación, por profesional y por franja horaria. Casi siempre aparecen patrones estables: ciertas franjas quedan vacías de forma sistemática, ciertas prestaciones tienen lista de espera mientras otras tienen huecos. Son desequilibrios que se corrigen planificando, no con más recursos.
Todo centro sabe que a veces los pacientes no acuden. Pocos saben cuánto cuesta en capacidad perdida, y casi ninguno sabe si el fenómeno se concentra en ciertas prestaciones, horarios o canales de cita. Agregado, ese dato indica exactamente dónde actuar.
Cuando un centro no consigue atender más, la causa que se supone es la falta de personal. Midiendo la ocupación de salas y equipos se descubre a menudo que el límite está ahí, y ese límite se mueve planificando en vez de contratando.
Esta es una vista de gestión y sigue siéndolo: volúmenes, tiempos, capacidad. No contiene datos clínicos y no sirve para evaluar personas ni procesos asistenciales. Es una distinción que mantenemos nítida desde el diseño, y además simplifica mucho el tratamiento de datos.
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